Crítica literaria: Sade, La filosofía en el tocador

Crítica literaria: Sade, La filosofía en el tocador

“Recuerda, de una vez por todas, hombre simple y pusilánime, que lo que
los tontos llaman humanidad no es más que una debilidad nacida del temor y
el egoísmo; que esta quimérica virtud, encadenando solo a los hombres
débiles, es desconocida de aquellos cuyo estoicismo, valor y filosofía
forman su carácter. Actúa, por tanto, caballero, actúa sin temer nada; si
pulverizáramos a esta ramera no habría siquiera el menor indicio de
crimen.”


“Nunca como tan bien ni duermo más tranquilo que cuando me he manchado
suficientemente durante el día con lo que los imbéciles llaman crímenes.”

Obra cumbre de la filosofía del Marqués de Sade, La filosofía en el tocador puede ser muchas cosas: monstruosa, analítica, libertina, naturalista, perturbada… Pero nunca aburrida o mediocre, desde luego.

Ya en su mismo género podríamos entrar en duda: Aunque su formato es teatral, la intención es claramente la de un ensayo; y más que una serie de escenas, tan solo presenciamos un conjunto de diálogos y monólogos; todos ellos destinados a permitir a Sade –encarnado en Dolmancé- exponer sus teorías sobre la vida.

Básicamente sin trama, sí debemos adelantar la excusa para esta disertación filosófica: Eugenia, una joven de noble cuna e inocente corazón, llega a casa de la Sra. de Saint-Ange, a la que se ha encomendado su instrucción. No obstante, esta instrucción ordenada por su libertino padre no será la que ella preveía; sino la de los principios del desenfreno y el camino del vicio. Para esto, Saint-Ange invita a su casa a un amigo de su hermano, Dolmancé, conocido por sus habituales desórdenes y famoso por su sodomía (además, la señora desea llevárselo a la cama, así que mata dos pájaros de un tiro).

Completan el pintoresco cuadro varios criados fornidos de miembro prodigioso, el a ratos lujurioso a ratos moralista hermano de la señora y la horrorizada madre de Eugenia. Digno de una película erótica.

Y sí, caballeros, en muchos aspectos estamos ante eso: una película erótica del siglo XVIII; con el lenguaje y las imprecaciones habituales, si bien adaptados a la época en cuestión –es realmente divertido ver a gente diciendo lindezas como “jódeme bujarrón” o “Oh, rediós, hostia santa, cómo me corro”-… Y esto es, para el que no tenga por finalidad ponerse a tono leyendo la obra, el mayor defecto de la obra. Si ya al leer Justine la novela se hallaba salpicada de escenas sexuales de todo tipo; en este caso la frecuencia de las mismas es incluso cargante. Admito que son necesarias como hilo conductor y elemento realista de la educación de la joven Eugenia, pero terminan aburriendo si lo que buscas no es eso, aunque, no obstante, no estén mal del todo.

Así pues, les invito a dar un agradable paseo de 287 páginas entre posturas sexuales inimaginables, depravaciones, disertaciones amorales sobre la verdadera naturaleza del ser humano, suplicios varios y extravagancias de todo tipo. Pero aviso, no es apto para personas sensibles.

Nota: 7/10

Artículos relacionados:

  1. Crítica literaria: Bélver Yin
  2. Crítica Literaria: El Vampiro – John William Polidori
Posted on agosto 18, 2010

2 Comments

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Crítica literaria: Sade, La filosofía en el tocador “Recuerda, de una vez por todas, hombre simple y pusilánime, que lo que los tontos llaman humanidad no es más que una debilidad nacida del temor y el egoísmo; que esta quimé…..

  2. [...] This post was mentioned on Twitter by NoSoloSpam, David García and Javier Sanz, Andreu NoSoloSpam. Andreu NoSoloSpam said: RT: @NoSoloSpam: Crítica literaria: Sade, La filosofía en el tocador: http://bit.ly/bIizYg [...]

Leave a comment