Reseña: Taradas, de Viviana Fernández García
Soy una especie de ONG del amor, seguro que la conoces, Besos sin Fronteras -improvisó Carla deseando cambiar de tema-. Dabas pena ahí plantado mirándome como un panoli -añadió Carla, que cada vez que sentía que podían ofenderla o hacerle daño, desempeñaba el papel de mujer fatal y fingía una seguridad que no tenía.
Ayer recibí algo que llevaba tiempo esperando: un ejemplar de Taradas, de Viviana Fernández García, que nos propuso realizar una reseña de su obra. Diré, con toda sinceridad, que despertaba mi curiosidad ya antes de leerla, pues la idea me parecía interesante, pero que no tenía demasiado claro qué iba a encontrarme. Me sorprendió gratamente.
Taradas es la historia de cuatro jóvenes universitarias las cuales, cada cual por sus propios motivos, tiene alguna clase de lacra, defecto o trastorno: Esther, siempre tratando de parecer perfecta, es prácticamente ninfómana, manipuladora y egocéntrica; Virginia, con toda su alegría, su singularidad y su colorido, está cargada de traumas y tiene serios problemas con las drogas; Silvia es tremendamente retraída, incapaz de tener relaciones ”normales” con el resto de gente y tiende a psicoanalizar a todo y a todos y, por último, la sencilla y enamoradiza Carla es ingenua y su obsesión con encontrar el amor verdadero la conduce, indefectiblemente, al desastre.
Dentro de este pintoresco marco se desarrolla la acción. A lo largo de la historia, las chicas nos descubren sus emociones, sus secretos más profundos, sus miedos, sus deseos. Paseamos de su mano por una vida cargada a la vez de alegrías y tragedias, de amores y desengaños, en los que todas y cada una se verán obligadas a enfrentarse con el mundo cargadas de trabas autoimpuestas por su personalidad.
Cabe destacar que la estructura de esta novela al principio me pareció terriblemente confusa, y lo tomé por un defecto. Una vez terminada su lectura, debo corregir: no es confusa, es caótica. La autora ignora -al menos en principio- la estructura básica habitual en estos casos de planteamiento, nudo y desenlace ; cambia de la primera a la tercera persona de un capítulo a otro: algunos están narrados de modo autobiográfico, otros desde el punto de vista de un narrador omnisciente; asimismo, el largo de los mismos capítulos es variable, desde una página y media hasta una decena o más y en ocasiones surgen de la nada capítulos dedicados en exclusiva a personajes secundarios. En efecto, caballeros: la estructura es prácticamente inexistente, o al menos cambiante… Y no obstante, me encanta. Estos altibajos estructurales que debieran ser un defecto de la obra, simplemente, resultan indiferentes, o incluso la mejoran; sin que los simples mortales sepamos bien por qué, pero es así.
En cuanto al estilo, nos encontramos también que es difícil de definir; o esa era mi opinión al empezar a leer: tan pronto describe todo minuciosamente, hasta el más nimio detalle, como abusa de las exclamaciones para describir cualquier cosa -un simple beso, por ejemplo- o disecciona con enorme cinismo las miserias de una familia o los defectos de una persona. No obstante, cuando uno sigue leyendo, no puede evitar darse cuenta de que su prosa logra transmitir a la perfección todo cuanto desea, y que estos altibajos no hacen sino adaptarse al momento de la narración y las emociones de los personajes.
Pese a estos dos aspectos tan extravagantes, incluso experimentales, la novela se hace fácil de leer. Y no precisamente por una trama poco enrevesada o típica…No nos equivoquemos: los arcos narrativos se cruzan y entrecruzan una y otra vez, los nombres de las chicas, al menos a mí, tienden a olvidarse al principio, costando diferenciarlas entre sí y, pese a la aparente simpleza del argumento, que parecía abocarse al desenlace demasiado pronto, continuamente estamos descubriendo retales del pasado de los personajes, finales inesperados… Pero aun así, uno devora vorazmente una página tras otra, buscando un cierre para las historias que quedaron inconclusas, saltando de la historia de una protagonista a la de otra, queriendo descubrir cada rincón de su alma.
Porque esa es otra, los personajes, pese a su apariencia de estereotipos, están terriblemente bien construídos, y cuanto más avanzamos más nos damos cuenta de su profundidad, de sus problemas, de por qué son como son, de qué les ha marcado. Pese a sus defectos, la crueldad que se vé tantas veces a lo largo de la historia -tanto en ellas cuatro, en unas más que en otras, como en los seres humanos de su entorno más inmediato-, son tales sus miserias, tantos los condicionantes a su alrededor que, después de todo, no podemos evitar compadecernos de su suerte, y termina por no haber buenos ni malos; solamente personas, con sus imperfecciones, con sus traumas, con sus errores y sus aciertos.
En definitiva, y lamentando haberme extendido tanto -me hubiera resultado imposible decir todo lo que pretendía en menos espacio-, debo decir que ha sido todo un placer leer esta obra, con sus capítulos como pequeños relatos casi independientes y su final no del todo cerrado; y la recomiendo encarecidamente a cualquiera que quiera pasar un buen rato.
Calificación: 7’5/10
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